Los límites y el deseo - Artículo - Centro Puentes - Psicología, Logopedia y Atención Temprana (Tomares)

Los límites y el deseo

La educación en el seno familiar es uno de los problemas mas importantes de nuestros días. Uno de los mas urgentes, que podemos ubicar dentro de una crisis generalizada de la educación. La familia no es la excepción.

¿Pero de qué manera es posible educar si el discurso socialmente dominante, si el imperativo categórico es “Goza, ya mismo y sin límites”? Imperativo perverso porque el goce lo coloca en relación exclusiva y obligatoria con el objeto, con las cosas, no con lo humano o la naturaleza, sino que son los gadgets, las cosillas, la promesa de realización de una satisfacción totalizante y sin esperas.

¿De qué manera puede la familia educar si debe enfrentarse al empuje al consumo, a la evitación constante de la renuncia y a la promesa de felicidad eterna que el mercado ofrece y exige?

¿Cómo puede la familia educar si todo apunta a evitar la castración, el esfuerzo y se hace énfasis en una moral hiperedonista, de satisfacción total?

Podríamos decir que la dificultad educativa presenta dos caras: una en relación a los límites y otra al deseo.

La primera se relaciona con la dificultad en asumir la responsabilidad de la diferencia generacional que debe introducir el límite, la interdicción. Desde siempre fueron las generaciones adultas las que transmitían valores y principios a las nuevas, las que establecían puntos de referencia, las que ejercían la función de autoridad y por ende establecían limites. Desde siempre también las generaciones nuevas han puesto en jaque estos valores estos límites y los modificaban, los articulaban con las nuevas necesidades y con la configuración particular de las exigencias de esta nueva generación. Se establecía así un juego que se ha propagado por los siglos de los siglos.

Hoy las generaciones adultas no saben de que manera trazar a las generaciones mas nuevas los límites del campo de juego y es así que en la clínica se ven cada vez mas patologías que evidencian “pasajes al acto”, “cortes en el cuerpo”, “anorexias – bulimias”…

Y la otra dificultad se presenta complementaria a la anterior como dificultad transmitir la fe en el porvenir, el deseo como fe en el futuro.

La única posibilidad de asumir la vida con responsabilidad (del deseo) reside en la posibilidad de obtener un futuro posible. Si hoy el porvenir es presentado como una catástrofe inminente es claro que ningún hijo querrá crecer y tomar la vida en sus manos porque no hay nada mas allá que valga la pena. ¿Por qué debería un joven renunciar a la satisfacción inmediata de la pulsión si el futuro se percibe como una amenaza? Es preferible gozar de todos los objetos disponibles (objetos estimulantes inmediatos, accesibles y siempre a la mano) antes que entablar un diálogo con el deseo que es radicalmente diferente a “las ganas”, a la inmediatez y al goce sin dilación.

Y este deseo está contenido en el inconsciente que insiste todo el tiempo en hacerse escuchar y se manifiesta en los síntomas, en los actos fallidos, en los lapsus, en los sueños.

Unificar deseo y ley es la tarea insoslayable de la educación, retroceder ante ella es anular el rasgo que nos diferencia, que nos hace únicos. Y esa particularidad es la que pide ser reconocida y valorada. Hoy la serie y el uniforme ocupan ese lugar desplazando al inconsciente y con ello el imperio del dominio, del control, del saber técnico se impone como única verdad.

En esa tarea estamos quienes defendemos la experiencia de lo nuevo, de la creación y del trabajo cotidiano contra el avance sin precedentes de un discurso perverso que enuncia la victoria del objeto sobre el hombre y proclama sin tapujos una felicidad efímera ante un futuro amenazante y del cual debemos defendernos. Para la mayoría de las familias educar es “armar” a los hijos para que salgan a combatir al mercado. Y así todo se vuelve objeto de un mercantilismo obsceno que aplasta el deseo y con ello la vida que se vuelve cada vez mas un simulacro espectacular.

Sin embargo límite y deseo van de la mano, se constituyen uno y otro como elementos indisociados que funcionan de camino y guía para los mas jóvenes. He ahí nuestro compromiso, nuestro reto frente a las nuevas generaciones.

Martín Santoro

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